jueves, 8 de enero de 2015

Los Toreros de Satanas 



Pocas artes encierran tantas supersticiones y manías como el toreo. Los toreros se aferran a imágenes y símbolos buscando protección y suerte. Tanto es así, que todos los diestros siguen un estricto ritual antes de enfrentarse al toro. Muchos se visten de luces en soledad o siempre acompañados de las mismas personas de confianza por temor a que alguien ajeno traiga mal fario. Todas las plazas tienen su capilla, en la que los maestros se encomiendan a Vírgenes y santos buscando protección contra las astas del animal. El fervor es tal, que desde siempre, las estampas e imágenes religiosas han acompañado al matador, incluso en el transcurso de la corrida, convirtiéndose en un instrumento más para hacer frente al toro. Debajo de la montera, cosidas al capote, bajo el traje o colgadas del cuello, las imágenes religiosas forman parte de la fiesta.

Muchos toreros han hecho de la superstición algo fundamental en su existir; poner el vestido de torear encima de la cama es de mal augurio, ya que al tocar las sábanas se está llamando a la muerte, es por eso, que ponen su traje sobre una silla de madera para que “toque madera”. Muchos matadores piensan que alejan a la muerte al no permitir que una mujer toque los trastos de torear, que no vea al torero antes de partir a plaza y que durante la corrida no estén presentes en el callejón.

 
Cristos, Vírgenes o signos más laicos, como simples ajos o monedas, han acompañado siempre a quienes se juegan la vida en la plaza. Aun así, muchas veces, ni el más sagrado de los iconos ha podido terciar para salvar la vida del torero, y en muchas de las ocasiones que el albero se ha teñido de sangre humana, algo extraño ha precedido al momento fatal. Situación que la gente del mundillo taurino ha tachado de inexplicable, de anómalo e incluso de maldito. 

Mientras algunos lidiadores se aferran a lo estrictamente religioso, otros en cambio, lo hacen pactando con sangre de su propio cuerpo con el mismísimo príncipe de las tinieblas. Éste es el caso de un joven aspirante a torero, natural de Segovia, llamado Ventura Rodríguez, quién firmó un documento con su propia sangre en el que decía:

Digo yo, Ventura Rodríguez, que hago pacto con el demonio y que lo hago con efecto para que me de licencia para saber mejor torear, que es capear, poner banderillas, estoquear y otras habilidades, tener mucho corazón y poder tener amistades con grandes de España y otros, así como saber hablar y correr. AHN. Inquisición. MPD. 362

Dicho pacto lo llevaba Ventura Rodríguez pegado al pecho al lado del corazón, y jugando cierto día con un grupo de conocidos, la cédula se le cayó viéndola y leyéndola todos los presentes que estaban con él en esos momentos.



Los que se divertían con él le afearon el pacto y le reprendieron, obligando a Ventura Rodríguez a tener que ir personalmente ante la Santa Inquisición a contar lo sucedido. El joven aspirante a torero, era mozo casado, de 21 años de edad, y que trabajaba en el oficio de la plomería. Cuando estuvo declarando ante el Santo Oficio, negó que el pacto estuviese hecho con sangre, sino que lo había hecho con almazarrón, un oxido rojo producido por el hierro.

Este no fue el único caso de torero pactando con el diablo, también en el tribunal de la Inquisición de Zaragoza nos encontramos con Tomás Bartolomé, alias el torero, por sus capeas y fiestas de toros en las que participaba, decía desde la cárcel en la que estaba preso por proposiciones, que le gustaría estar mejor con el diablo que con Dios, y que cuando saliese de la prisión lo primero que haría, sería pactar con el demonio. AHN. inquisición, 3730, exp, 242

Otro torero tachado de apóstol del emperador de los infiernos, fue  Miguel Reina, matador de toros de profesión y marinero, quién comentó, que cada vez que saliese a una fiesta de toros haría pacto con el demonio. AHN. Inquisición. 3735, exp. 82



Sin duda un tema apasionante y desconocido para muchos: el toro, el torero y el diablo. ¿Habrá en pleno siglo XXI, matadores de toros que sigan apostando por abrazar las veredas y los umbrales de la doctrina del anticristo? El tema está latente y subyacente, ¿quién se atreve a investigarlo? De momento a Satanás lo seguimos viendo, pintando y describiéndolo, con elementos cercanos a los cornúpetas y sansones que se lidian en las plazas, los siniestros y puntiagudos cuernos.      

martes, 4 de noviembre de 2014

Inés Sánchez alias la "Lindica". La bruja de la Haba.

Inés Sánchez




“Alias “la Lindica” vecina de La Haba, fue condenada por el Santo Oficio de la Inquisición de Llerena el 23 de septiembre d e 1638  por hechicera. Los testigos que la acusan son: Inés de Soto, viuda de Diego Miguel, vecina de La Haba (Badajoz). Juana, hija de la dicha Inés de Soto, vecina del mismo lugar. Bartolomé de Ávila vecino de la Haba, Alonso,  alguacil del mismo lugar referido. María de Sande, presa en este Santo Oficio por hechicera y vecina de La Haba. D. Pedro Alonso López, familiar del Santo Oficio del lugar de D. Benito. Francisco Cabezas natural de D. Benito y D. Diego de Paredes, vecino de D. Benito. Estos testigos declaran ante el tribunal, que Inés Sánchez para conseguir matar a un hombre hacia lo siguiente: mataba un gato prieto y lo enterraba en un tiesto de Albahaca, el cual iba regando día a día. Uno de los testigos cuenta, que un día estando en su casa se rompió dicho tiesto y entre el estiércol aparecían las patas de un animal que no sabía que era, diciéndole la hija de “la Lindica” que eran las patas de un gato. Inés Sánchez al ver lo ocurrido fue  a recoger dicho tiesto y lo tiro. 

La testigo Juana Muñoz, hija de Inés de Soto, de 20 años de edad, declaró ante el comisario del Santo Oficio D. Sebastián Pérez Moreno, que hará como un año más o menos que vio entrar en su casa a Inés Sánchez que llaman “la Lindica” y que está presa en Villanueva de la Serena. Cierto testigo le dijo, que tenía que sembrar un tiesto que habría de nacer y secarse en quince días, y que se lo tenía que llevar a casa de “la Lindica” para que lo sembrase de albahaca y dejarlo en su corral. Cierto día estando en casa de la hechicera, dicho tiesto se rompió y aparecieron las patas prietas entre el estiércol, tirando Inés Sánchez de ellas y sacando un gato negro. “La Lindica” le dijo, que no tuviera pena que aquello era un remedio que preparaba para Doña María, mujer de Pedro Alfonso que ya es difunta, y que esto es la verdad.

María de Sandi, presa en este Santo Oficio por hechicera y natural de la Haba declaró, que pidió a Inés Sánchez hará como un año en una conversa sentadas en la puerta de su casa, que le diese un remedio para que le naciesen pelos en la ceja izquierda. “La Lindica” le dijo, que tomase unas cagadas de ratas, unas moscas y un poco de aceite, todo ello lo friese y se untase con ello la ceja izquierda y que en poco tiempo le nacería. La testigo lo tomó a burla y no hizo lo recomendado por Inés Sánchez, seis meses después vino a su casa la referida y le preguntó si tenía un gato prieto, que lo quería mandar a un primo de Zalamea, contestando la testigo que tenía uno y que en cuanto lo cogiese se lo daría. Cuando lo pudo coger se lo llevó a Inés Sánchez a su casa, la cual estaba sola cuando se lo llevo. Que otro día, “la Lindica” se presentó en casa de la testigo con el tiesto a medio llenar de tierra, y que el mismo lo terminaron de llenar con tierra de su corral. Inés Sánchez le dijo, que lo pusiese entre sus macetas que ella vendría a regarlo todos los días. Lo pusieron colgado de una horquilla y el tiesto se rompió cierto día por abajo. La testigo vio unas patas prietas y llamó a Inés Sánchez para que se llevase de allí la maceta, viniendo “la Lindica” a por ella.

Bartolomé Sánchez de Ávila, la acusa de embrujar a ciertos hombres para que no pudiesen tener acceso carnal con sus mujeres, para ello rezaba una oración a Santa Marta, y que él mismo había sido uno de los ligados por su hechizo. También acusan a Inés Sánchez de hacer abortar a ciertas mujeres que le piden tal asunto, que por ello “la Lindica” cobra 40 ducados y que por no dárselo se fue sin remedio. Que había hecho abortar a una mujer de Medellin y que le habían dado 40 ducados por dicha diligencia. Fue condenada a salir en auto público de fe con sambenito y coroza, oiga una misa en la villa de La Haba en forma de penitente, se le confisquen sus bienes, sea desterrada por tiempo de cuatro años y se le den 200 azotes.”[1]




[1] AHN. Inquisición. Legajo 4566. Expediente 16. 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Pacto con el Demonio. La Monja lasciva



  

“Sor María del Cristo, religiosa profesa de velo blanco en el convento de S. Juan de la Penitencia de mojas Clarisa de la villa de Belvis de Monroy, condenada por delitos de pactos diabólicos, falsa creencia, y abuso del sacramento de la penitencia y eucaristía, así como sacrilegios y ultrajes hechos al Santísimo Sacramento.
Fue delatada esta monja el 3 de enero de 1807 por Rafaela de la Santísima Trinidad, monja profesa en el mismo convento que la mencionada Sor María del Cristo, y que lo hacía, porque la reo por desahogo de su conciencia o por providencia divina le había comunicado haber hecho pacto con el diablo, entregándole su alma y cuerpo con papel firmado de su propia sangre. Que le había adorado como a un Dios y que había pecado con él carnalmente, que habiendo comulgado había echado la sagrada ostia en la lumbre, que había negado o dudado el misterio de la pureza de María 
Santísima y del sacramento de la penitencia y que había salido de la clausura por arte del diablo.


Cuenta la monja que la delata, que cuando quería lograr su torpe comercio con el demonio, le invocaba, y al verle le hacía postraciones, protestando en su interior y en su corazón y, que por entonces para ella, no había más Dios. Que había pecado con él muchas veces, y que esto sucedía comúnmente en los días más festivos y lugares más sagrados, ignorando la misma reo si para ello tomaba figura de joven gallardo, mozo del campo, o figura de religioso, o si era engaño de su fantasía. También le había oído la testigo, que el diablo la había hostigado para que no creyese que había sacramento en las sagradas formas, negare el misterio de la Purísima Concepción y le diese adoración al diablo. Que por arte del diablo, había salido cinco o seis veces de la clausura sin poner mano ni pie en el muro ni puerta, y que varias veces había parido yendo a las habitaciones extra-claustrales donde moran los comensales del monasterio, y otras, a la villa de Valverde de la Vera para lograr sus carnales intentos con personas de su pasión que allí habitaban.

Se la preguntó además, si sabía que la reo había proferido o hecho alguna palabra o acción supersticiosa, contestando la testigo, que faltando un día las tocas de la reo en su cuarto refirió, que el demonio para vengarse de su persona se las había quitado y se las había llevado a un sitio que dentro de clausura llamaban el monte, en el cual estaba la reo, y que desde allí mandó al demonio que se las devolviese, y según dijo la delatora, las encontró junto a una ventana de la casa de labor. 

En otra ocasión, queriendo la monja lujuriar con un sujeto conocido, sin saber como ni cuando, se encontró con él en su celda, y que todo esto se lo contaba la reo con lágrimas en los ojos. Comentaba la declarante, que lo hechos solo lo sabe ella y nadie más del convento, porque las monjas, aunque la veían como macilenta, triste, llorosa, desganada de comer y desvelada, no atribuían esto sino a que estaba padeciendo de escrúpulos, o a que estuviese arrepentida de ser religiosa. Llegó a tanto el candor de ellas, que aunque tenían en su compañía algunas viudas, y por esto experimentadas, ninguna formulo ni vio la menor sospecha de los ahogos que la aproximaron a una horrible infamia, nacido de no haber podido continuar sus excesos carnales con uno que siendo pastor se convirtió en lobo rapaz, fue mudado del pueblo a causa de haber cumplido los años de su ministerio y obediencia: que encontrándose la reo en esta disposición, y casi sin aliento para desahogar su conciencia, quiso el Señor darla valor para comunicar sus excesos sacrílegos  y carnales al informante, a su padre vicario, a la delatora, y algunos de los carnales a su prelado; pero que esto duró muy poco, porque sin saber como ni porque, la prohibió su prelado que se dirigiese o escribiere sus consultas a quién no fuese religioso de su orden, extendiendo esta orden a todas las demás religiosas; lo cual, se atribuía con sobrado fundamento, que el cómplice había revuelto este cisma temiendo ser descubierto.

Declaración de la reo.

Siete días después de la delación, es decir, el 7 de febrero de 1807, recurrió la reo al tribunal pidiéndole una comisión  para declarar espontáneamente como lo hizo, diciendo: llamarse Sor María del Cristo, religiosa profesa en el citado monasterio de S. Juan de la Penitencia de la villa de Belvis de Monroy, de 23 años de edad. Que en la vigilia de navidad de 1804, como a eso de las 11 de la noche antes de tocar a Maitines, deseando lujuriar con cierta persona y no pudiendo lograrlo por medios humanos, invocó al demonio y se le apareció en forma de un gallardo joven, distinto del objeto de sus deseos, quién la dijo: que siempre que le entregare su alma para siempre, la cumpliría perfectamente sus lascivos deseos; pero que para la primera de su palabra era necesario escribiere una cédula con su propia sangre; lo que ejecutó sacándola con la pluma que el demonio presentó del exterior de la muñeca de la mano derecha, a lo que él la ayudó con su propia mano. Que la tal aparición la advirtió al punto que le invocó transportada en sus obscenidades, cerrados sus ojos, estando en el dormitorio con luz artificial y asistencias de otras religiosas enfermas, las cuales, a su parecer, aunque estaban despiertas, ni vieron tal joven, ni oyeron la conversación reciproca que tuvieron.

Se le preguntó si lo llegó a ver ella misma con sus ojos corporales, responde, que aunque al principio estaba como adormecida, luego que sintió aquella compañía, abrió los ojos y le vio, se llevó la cédula que le hizo, desapareciendo sin saber ella por donde. Que las palabras formales de dicha cédula son estas. “Yo Sor María del Cristo te prometo mi alma para siempre con tal que me proporciones pecar con N. persona de diverso sexo”, con quién antes había consumado sus lascivos deseos naturalmente, en cuya figura se le apareció  después de varias veces; y resistiéndose ella a volver a pecar, por conocer que aunque venía en dicha figura, no podía ser sino el demonio, la manifestaba la cédula como queriéndola obligar al comercio torpe en él, lo cual consintió innumerables veces, aunque algunas las resistió, cuales fueron aquellas en que la quería obligar con la criatura.
Que no advirtió de donde salió la sangre con que hizo la criatura, por no haber quedado en la mano señal alguna, ni aun en el pañuelo con que se ató aquella noche la mano. Que jamás le facilitó el demonio pecar real y verdaderamente con aquella persona que deseaba, aunque se lo rogó más de veinte veces, ni jamás salió de clausura por virtud de él. Que nunca utilizó para sus lascivias de cosa alguna sagrada, ni de palabras o acciones para invocarle para ayuda de sus torpes intentos: pero habiéndola hecho el comisario varias preguntas (que no expresa), dice éste, que  al declarar al llegar aquí dijo, ser falso todo lo que llevaba expuesto acerca de la escritura, aunque se ratificó en lo verbal del pacto. Continua pues la declaración espontánea diciendo,  que en el mismo acto de su lujuria la rogaba el demonio con palabras, que le tuviere y adorase por Dios, a lo que ella correspondió siempre diciéndole, que no tenía otro Dios que él, y adorándole después del acto hincando ambas rodillas, de cuyo error desistía y abjuraba luego que desaparecía, pues ni entonces ni ahora creía que tuviese algo de divino.

Que no advirtió que dejase mal olor en su desaparición ni que el cuerpo que tomaba fuese demasiado frío ni caliente; y cuando se llegaba a ella, siempre la decía que se quitase corona o cruz que traía al cuello, y en efecto si no se lo quitaba no se acercaba a ella; lo cual le hacía creer firmemente el poco poder de aquel espíritu infernal.

Se le preguntó si había lanzado la ostia consagrada al fuego, contestando, ser cierto haberla arrojado en el fuego de la cocina y brasero que suele haber en el entorno, lo cual cree que fueron más de cien veces las que lanzó dicha ostia, siendo la primera vez el día del Corpus de 1805 y la última el día de la Purificación de 1807; que además una vez la arrojó en el albañal por donde pasan las inmundicias de la cocina, otra en el estercolero donde se tira la basura, otra en el aljibe del claustro, y otra en el pozo del noviciado. Que unas veces la llevaba en la mano y otras en un pañuelo blanco, y que una vez  que se encontraba sola, antes de arrojarla en el fuego de la cocina la punzó varias veces en un leño con una navaja afín de experimentar si estaba allí o no el cuerpo y sangre de Cristo. Que las más veces  fue sugerida por el demonio en forma visible a su parecer a que lo hiciere, y no creyese que estaba allí J.C. a lo cual, dio ella perfecto crédito y más cuando observó que ni salía sangre ni cosa alguna sobrenatural. Que de 19 a 20 veces le salió al encuentro el demonio cuando llevaba la forma para arrojarla al fuego, tuvo copula carnal con él unas veces en el ante coro y otras en el dormitorio.
Reconvenida en este acto se le preguntó, como había el demonio osar llegar a ella teniendo en la mano la sagrada forma cuando acababa de declarar que nunca quiso ni pudo llegar a ella sino quitaba la corona o cruz que llevaba al cuello, respondió, que no comprendía como pudiese ser eso, pero que creía que se acercaba a ella por el hecho de haber hurtado la ostia y hacer con él ella el fin pretendido. Que una vez se confricó sus partes pudendas con los corporales que están en la cratícula del comulgatorio, pero que jamás pensó ni hizo brebaje alguno con la sagrada forma.

Que no hacía burla de sus hermanas cuando comulgaban, pero las tenía por engañadas en lo que veneraban y recibían, y aunque tal vez tuviese al tiempo de comulgar las otras delectaciones venéreas, fueron solo llevadas de la flaqueza y corrupción en que toda ella estaba  convertida; más no en desprecio del sacramento ni burla de lo que hacían sus hermanas, de quién tampoco se burlaba cuando hacía sus genuflexiones al Sacramento, ni ellas las dirigía al  diablo cuando las hacía ni las hacía por desprecio. Que nunca había dudado del poder y voluntad de Dios para salvar su alma y limpiarla de tantas abominaciones, como las que van dicha e infinitas más de que no se le pedía declaración, y que en prueba de estas esperanzas ofrecía a Dios este sacrificio de tanto bochorno.

Preguntada si se trató alguna vez el pacto con el demonio, si después lo revocó, con que palabras lo hizo, si hubo adoraciones y cual fue la última vez que comerció con Satanás.

Dijo. Que estimulada de su conciencia la pesó algunas veces en su interior el trato hecho, y que acaso por esto mismo quiso el demonio se le renovase, como lo verificó en uno de los días de Concepción, o Purificación de Nuestra Señora, diciendo: “A ti dueño mío te entrego mí alma para siempre, que no tengo más Dios que a ti.” A cuyas palabras acompañó el hincarse de rodillas, y después se siguió un acto carnal consumado. Que desde dichos días continuó en comercio torpe con el diablo todas las noches, y algunas veces por el día hasta el 24 de febrero de 1807 inclusive que fue el último. Y que desde ese día hasta el presente de esta declaración que fue el 26 de marzo, todos los demás días se le había aparecido, diciéndola, no confesara dichos errores acerca de los sacramentos porque se había de ver abandonada de todos.
Por último concluyó su declaración pidiendo humildemente al Santo Oficio no se escandalizare de sus enormes delitos, y que mirase por el honor el Santo hábito que indignamente vestía y que no mirase por el suyo, sino que le impusiere las penitencias que gustara, pues siempre serían mucho menos de lo que merecía, y que había de vivir y morir como hija de la Iglesia Católica.

Concluida la anterior declaración, añadió, que el tercer día de navidad del año anterior, y el tres de febrero de aquel mismo año de 1807, hurtó las formas que la dieron en la comunión, y aun las conservaba en un libro de la novena del Santo Cristo de los Dolores que tenía guardado en un baúl, las cuales, dijo, haber visto en el día anterior a esta declaración transformadas en un niño hermoso.
Se recogieron estas formas del paraje en que se encontraban, y las sumió el notario al día siguiente purificando el libro. Se ratificó la reo sin variación alguna. El comisario informó de ella que había tratado en gran manera de ocultar sus descaminados excesos, parte poseída del terror a las penas  que fulminaban en sus caprichos, y parte sorprendida de la vergüenza que la causaba su padre vicario Fr. Pedro Muñoz. Que sus vicios la tenían tan encadenada que aunque tal vez respiraba como penitente, ahogada entre insufribles amarguras, no la dejaban sus malos envejecidos hábitos; pero que sin embargo parecía al comisionado, que al cabo con verdad  los había manifestado.

A instancia del fiscal se volvió a examinar a esta reo, y sin estar presente el notario que era su padre vicario quién la frenaba a contar los excesos carnales que tubo con él,  la reo declaró lo siguiente de dicho su confesor.


Que por haber tenido por confesor suyo tanto tiempo al cómplice de sus lascivias, éste no la decía, porque sabía que allí mismo en la confesión hablaban cosas torpes y veía que no las confesaba. Preguntada quienes habían sido los cómplices de sus excesos, respondió: que el cómplice de sus primeros excesos fue su confesor Fr. Bernardo Molina, el cual, al poco tiempo de profesa la solicitó durante la confesión y fuera de ella, y continuó comerciando con él por espacio de cuatro años, no solo en clausura sino fuera y hasta en la misma iglesia una vez, diciendo, “que quedó embarazada de dicho confesor” hasta llegar a darla brebajes y sangrías para ocultar las resultas. Que después de ido éste religioso, al verse privada de sus amores y ardiendo en ellos, fue cuando hizo el pacto. Y que las personas que pueden dar razón de sus excesos eran, Sor Rafaela de la Trinidad a quién ella le había contado todo, la Madre Abadesa, a quién había contado los carnales, embarazos y medios para abortar, al Padre Vicario con quién consultó alguna vez en la confesión  e inmediatamente después de ella, el comisionado actual con quién también consultó algunas cosas en confesión, y el Padre Molina, su cómplice, quién la tenía dicho que no lo hiciese porque la habrían de prender; y finalmente el Padre ex provincial Fr. Juan Ramón González con quién consultó dicho Padre Vicario sin su consentimiento.

El comisionado informó que le parecía haber dicho la verdad. El tribunal a instancia fiscal mandó examinar los contestes dados en la declaración anterior, siendo el primer testigo, la Madre Abadesa.

Declaración de la Madre Abadesa.

Mujer de 51 años de edad, quién dijo.
Que sabía por boca de la misma reo la solicitación ad turbia de su confesor el Padre Molina, su comercio torpe, intra y extra clausura, y que el resultado fue quedar embarazada dos veces, en uno de los cuales había procurado abortar y en efecto abortó un feto animado, que procuró bautizar y enterró en una huerta o monte habiéndose sangrado primeramente a instancia del Padre Molina, y tomado una bebida a instancia del mismo.

Declaración de Fr. Ramón González.

Ex Provincial citado por la reo, de edad de 60 años, quién dijo: que había sido consultado varias veces por el Padre Fr. Pedro Muñoz vicario del convento de la reo, que en la primera se le consultó sobre la obligación de informar de una religiosa de aquel convento que había hecho pacto expreso con el diablo, tenido trato con él como incubo, adorándole como a su Dios único, ultrajando la Sagrada Eucaristía que había quemado una vez, y haber negado la virginidad de Nuestra Santa Virgen junto a otras particulares que ya no tenía presente.

Declaración del cura de Belvis.

En este estado se pidió información al cura de Belvis comisionado de esta causa, contando lo siguiente.

Que en la víspera de la natividad de Nuestra Señora del año anterior de 1807, había entrado el ya mencionado Fr. Bernardo Molina en el convento después de anochecido por uno de los muros de dicho recinto en donde permaneció oculto por espacio de tres días, según se lo dijo al fin de ellos la misma reo; con cuya noticia y por las de entonces, las dio el Padre Iglesias confesor del convento de Cantillana. Registró dicho prelado su convento con la Madre Abadesa y nada encontró, por lo que habiendo reconvenido a la reo, respondió que se había fugado instándola a que saliese con él fuera de clausura; que pasados algunos meses llegó a formar juicio la prelada de que aquella estaba embarazada y registrándola la encontró muy fajada y con algunos entumecimientos en el vientre, por lo que la preguntó por lo acaecido en principio de septiembre, y aunque al principio lo negó que dicho religioso hubiese llegado a su cuerpo, luego confesó que estaba embarazada. Volviéndole a preguntar por tercera vez por lo mismo, negó la copula y el embarazo pero no la entrada del religioso. Que era sabedora de todo esto la monja Sor Rafaela de la Santísima Trinidad como también la monja Vicaria a quién la reo se lo había contado. El mismo comisionado añadió a todo lo referido, que a pocos meses después de la entrada del Padre Molina al convento, le escribió la reo por mano de su vicario o confesor el Padre Fr. Francisco Iglesias, pidiéndole consuelo y consejo porque se encontraba muy despreciada y perseguida de las monjas, atribuido a los excesos anteriores. Por todo lo cual, dicho confesor le dijo, que se confesase y contase la verdad de la entrada del Fr. Bernardo Molina en su convento, contestando la reo, que lo había escondido en una pieza del noviciado y un caramanchón donde le llevaba de comer; que le pidió un breviario y no se lo llevo, y que el religioso le llevo ropa de seglar para sacarla disfrazada y no quiso asentir a ello. Que no habían tenido deshonestidades, pero conociendo el confesor su forma de mentir, le dijo, que dijese la verdad o no la absolvería, diciendo la reo, que estaba embarazada de tres meses por haberla faltado otros tantos la menstruación. El informante la exhortó a que no abortase, y que para el sigilo se lo avisase a la prelada. Que abortó en el mes de abril de este año, teniendo el feto ocho meses, lo bautizó y arrojó en el pozo del monte rebujado en un paño blanco. Y que al cabo de algún tiempo se asomó y viendo el paño lo sacó pero sin el feto. Que para que no conociesen su purgación quemó la camisa con que abortó, lo cual consiguió con solo apretarse apretadísimamente, “y es que la ceguedad del entendimiento es una de las hijas de la lascivia”.

Declaración de la reo ante la Inquisición

Fue presa la reo en cárceles secretas y al día siguiente se le tomó declaración en la Inquisición de Llerena contestando la convicta lo siguiente.
Dijo llamarse María Martín, natural de Serradilla, Obispado de Plasencia, de estado religiosa en el convento de Franciscas de Santa Clara de la villa de Belvis de Monroy de 24 años de edad, hija, nieta, sobrina y hermana de los que expresa en que nada hay que advertir, todos cristianos viejos y limpios de sangre. Que era cristiana y como tal había oído misa siempre aun en los días de trabajo, y lo mismo había confesado  y comulgado habiéndolo hecho la última vez el sábado antes de su salida del convento con el Padre Vicario Fr. Alonso de Valverde; sabe leer y escribir y respondió bien a las preguntas  que se la hicieron de doctrina cristiana.

Preguntada por la causa de su prisión dijo: que presumía fuese las velaciones que había hecho contra si misma en particulares tocantes a la fe por medio del cura de Belvis, lo cual le parecía haberlo verificado la primera vez habría unos tres años; y que también le parecía haber sido causa el haber sido delatada por sor Rafaela, a quién confió sus interioridades estrechada por sus importunidades. Respondió que por descargo de su conciencia, las cosas que había contado antes no eran verdad sino ilusión e imaginación de la declarante, creyendo que aquello que pensaba sobre estos puntos era real y efectivo, que una vez que su cabeza estuvo mejor conoció no ser así, sino imaginario, y en particular lo que tenía dicho sobre el pacto con el diablo, lo cual, conocía que fue efecto de una vehemente tentación y deseo de renovar su trato con la persona que tenía manifestada, y por lo mismo, las adoraciones que tenía dicho haberle dado, porque aunque las manifestó fue solo porque la preguntaban  sobre ello, y así se lo proponía su imaginación en aquel acto. Que no era cierto lo de la corona y la cruz ante el diablo, que era fruto de su imaginación y de ver la figura de su cómplice como la del mismo Satanás. Que dicho cómplice le decía que no podía absolverla de lo que pasaba entre los dos, absolviéndola a su parecer siempre que con él confesaba. Que tampoco era cierto que arrojase las formas al fuego de la cocina, brasero, estercolero, pozo, o regadera, y que no obstante el comisionado la mandó trajese las formas que tenía guardadas en libro novenario del Santo Cristo de los Dolores, tomando dos sin consagrar y poniéndolas en dicho libro se las entregó.

En vista de todo lo referido, el Inquisidor D. Pedro María de la Cantilla dijo por auto de 10 de este mes: que fuese votada a que en atención a su retractación  se le de una audiencia donde vuelva a retractarse de los hechos cometidos y pueda volver a su convento,  y que sea reprendida y apercibida de tan regular procedimiento.”[1]

 Queridos lectores, saquen sus propias conclusiones,  ya que con diablo o sin él, cuando la naturaleza corporal hace acto de presencia en cualquier espacio de la vida del ser humano, aunque éste navegue sobre una nao en forma de cruz, la libido, ese elemento genético tan necesario para la vida del hombre, abandonará el lábaro que la sostenía y se aferrará al alivio y consuelo nativo y consustancial de los cánones naturales que siempre han formado parte de las entrañas del ser humano.   




[1] AHN. Inquisición. legajo 3734. N 49.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Cheles y su Marabunta de Hormigas Apocalípticas.

Cheles es una población pacense fronteriza con Portugal que se ubica actualmente cerca del embalse de Alqueva. Digo se ubica actualmente porque hace cinco siglos la villa se encontraba situada junto a la Sierra de San Blas cerca del río Guadiana, unos kilómetros más al norte de su actual emplazamiento.



En torno al año 1.500, en el siglo XVI, el tercer señor de Cheles, Don Juan Manuel de Villena decidió, no sabemos por qué motivo, trasladar la ubicación del pueblo más al sur. Sin documentos que acrediten el por qué de su reubicación, la tradición oral nos habla de posibles epidemias transmitidas por mosquitos que infectaban las aguas del río Guadiana y de una plaga de hormigas asesinas que asedió el municipio. Sea cual fuere el motivo, lo que si es cierto, es que el pueblo terminó siendo abandonado y sus habitantes tuvieron que establecerse más al sur.

Precisamente la posible plaga de hormigas asesinas es la leyenda que nos ocupa, como hemos dicho antes, sin que existan documentos que lo atestigüen, pero con una fuerte presencia oral se cuenta: que “Cheles el viejo” como es conocido el antiguo pueblo, fue destruido por una masiva invasión de hormigas que devoraron todo a su paso.




Cierto día, millones de voraces hormigas comenzaron a tomar el pueblo; no solamente destruían la madera que armaba las casas, si no que también terminaban con toda la vegetación que encontraban a su paso. El pueblo se vio claramente sobrepasado por este suceso, los más antiguos del lugar, aún al día de hoy, nos narran con un cierto temor, el pánico que sufrieron sus antepasados ante esta terrible invasión.

Algunas historias nos hablan de como los padres intentaban proteger a sus hijos de la marabunta, subiéndolos en hamacas que colgaban de las encinas pensando que allí estarían a salvo, pero no servía de nada, las hormigas carniceras subían hasta la encina con el ansia de atacar al recién nacido. Se les metían por la boca, orejas y narices, llegando incluso a no ver nada de color carne en el cuerpo del infante, solamente la imagen negra y terrorífica de un bebe moviéndose, sin poder llorar, por tener su boca llena de hormigas de fuego.  La parte más terrible y dantesco de la historia, es escuchar como la marabunta se cebaba especialmente con los niños y el ganado, a los que mordían llegando en ocasiones a producir la muerte.



Los habitantes del pueblo decidieron cortar por lo sano, y para destruir al enemigo, terminaron también con la villa prendiéndolo fuego. Tras el incendio, los moradores huyeron hacia el río para protegerse de la marabunta, desde allí observaron, muchos de ellos aún heridos, como sus casas eran calcinadas y la masa de hormigas destruidas.



Del primer emplazamiento situado en la dehesa junto a la Sierra de San Blas, los únicos vestigios que quedan son los restos del castillo, dos ermitas y algunas piedras que fueron viviendas en otro momento. Los habitantes que existen actualmente en la antigua ubicación poblacional, son las carnívoras y voraces hormigas dominando con su particular silencio,  lo que fue el antiguo Cheles a orillas del río Guadiana.


domingo, 31 de agosto de 2014

Fr. Demonio


El presente artículo trata de demostrar, que el príncipe de las tinieblas no solamente era adorado por personas civiles o seglares en los diferentes puntos de España, sino que también, muchos religiosos, osaban venerar y reverenciar a Satanás allí donde se encontrasen. Un ejemplo de ello lo tenemos en nuestra siguiente historia.

El Inquisidor Fiscal de Cuenca, contra Fr. Miguel Fernández Leonardo, natural de esta Corte (Madrid), de 22 años de edad, Mercedario Calzado, por proposiciones y pacto expreso con el demonio.


Tubo principio esta sumaria el 19 de enero del año 1790, ante el Inquisidor Ocilla, por delación espontánea del mismo reo, que presentando un papel firmado por sí, dijo: “Que teniendo 20 años y encontrándose en esta Corte se aficionó el reo a una moza soltera hija de un platero llamada Dª. María del Campo. Que no pudiéndola lograr para torpezas, ni por cariño ni ofertas añadidas, sin reparar en la autoridad del delito, se valió éste reo del demonio. Lo invocó repetidas veces con instancias para que le lograse su fin, ofreciéndole su alma con esta condición. Que a la tercera vez que le invocó, se le apareció el demonio en un gallardo mozo y, trabando conversación le dijo: “Que era el demonio y que tenía mucho más poder que Dios, y que cuanto le pidiese lo lograría”.



Que éste reo le dijo: “que si así fuese, le entregaría toda su alma y su tiempo en servirle”. El reo le comentó al demonio, que sentía una gran pasión por la moza sin que la hubiese podido conseguir, y si se la facilitaba, cumpliría su promesa.

El demonio sacó un papel de media cuartilla y él mismo la escribió y se lo leyó al reo, y que aunque el encausado no se acuerda de las palabras materiales, ofrecía en él su alma y firmó con gusto con su propia sangre del muslo derecho que el propio demonio le sacó. La fisura hecha para extraer la sangre, el diablo se la cerró pasando su mano por ella. Que cogida dicha cédula, el demonio le prometió que estaría con la moza deseada siendo ella condesciende con los gustos del reo, y que este lance pasó en Madrid en el Prado Nuevo junto a Nuestra Señora del Puerto a las diez de la noche.


Que pasado un mes, el demonio se le volvió a presentar en forma de clérigo tuerto y feo, y que estando en esos momentos el reo junto a Nuestra Señora de Atocha por la tarde, le dijo éste: “que ya había logrado a la moza”, a lo que respondió el demonio, “que ya lo sabía y que pidiese cuanto quisiese”.

Al enterarse el reo que la moza estaba embarazada por él, éste invocó al demonio para pedirle: que nadie lo supiese en su casa y que no deseaba casar con ella, aunque ella se lo pidió, viniendo inmediatamente el diablo en figura de mancebo. También comentó el fraile: “que ya que podía tanto, le sacase de aquel enredo”, a lo que respondió el diablo: “que no podía ser de otra forma que quitando su vida”, y el reo le dijo: “pues acabe con ella”. Que esto sucedió una mañana de julio junto Atocha y que pasando luego el demonio a la casa de la moza, éste volvió al paraje donde le esperaba el reo apareciendo de la misma forma. El demonio le comentó al religioso: “que ya estaba muerta. Que le había echado unos polvos en la comida de forma invisible”.



Que por el mismo mes de julio se le apareció el demonio en figura de sacerdote en el parque del retiro, y que el diablo le dijo: “Que se entrase en un convento”, y que habiendo pedido el hábito de la merced, entró como religioso. Que estando en el cenobio, el reo ni rezaba, ni comulgaba ni asistía a ningún acto de la comunidad por no faltar al pacto firmado.


Cuenta un miembro de la comunidad llamado Fr. Manuel Carpintero, presbítero, en su declaración ante la Inquisición: “que un día llegó hasta el convento un clérigo preguntando por el reo y que éste le señaló con el dedo diciéndole aquél es.  Que le llamó la atención la gran altura que tenía, era corcovado o algo agobiado y con un ojo espantoso, pero que no sabe si era tuerto, aunque se lo pareció, su aspecto era feo, estando también presente Fr. Fernando Parrilla”. A este último religioso, el reo le enseñó la señal por donde el diablo le sacó la sangre para firmar la cédula donde le entregaba su alma, apercibiendo el testigo, que era como un lunar o garbanzo. Que en una ocasión que le obligaron a confesar, entre varios frailes de la comunidad le abrieron la boca y le dieron el Santísimo Sacramento,  y que al momento lo escupió. El Vicario le reprendió por los hechos consumados y le preguntó: “¿porque hacía aquellas renuncias a nuestro Dios y su Santísima Madre?”, respondiendo el reo: “que estaba llevado del demonio y no tenía perdón de Dios”.



Que en otra ocasión contó, que en el convento se le volvió aparecer el demonio invitándole a que abandonase la vida religiosa que llevaba y se marchase a berbería, ya que allí podría renegar libremente de Cristo, y que ese mismo día, Satanás lo quiso ayudar a escapar por una ventana.

Estando en una celebración de misa se le apareció el demonio en forma de perro negro y le dijo: “que abandonase inmediatamente la iglesia”.

Los calificadores del Santo Oficio dijeron de él: “que era un hereje formal, y que ha hecho pacto expreso con adoración al demonio”. Fue condenado a que fuese recluido en su convento, con embargo de su peculio (haciendas), y fuese gravemente reprendido dentro del recinto religioso.



La Inquisición siempre tuvo una doble vara de medir, mientras que a la población civil la castigaba con severas condenas como, el ser quemados vivos, condenados como remeros en las galeras reales, cárcel a perpetuidad, azotados con cien y dos cientos azotes y otras por el estilo: a los miembros de la Iglesia, simplemente los condenaba a penas como la que hemos observado en el documento presentado. La norma eclesiástica era clara y contundente en estos casos: había que salvar y proteger la honra del hábito de la comunidad a la que pertenecía el religioso, y como tal, lo sucedido, no podía traspasar los umbrales del convento y llegar a la calle. 

Signatura: Archivo Histórico Nacional. Inquisición. Legajo 3728. Exp. 56




jueves, 28 de agosto de 2014

Catalepsia. Enterrados Vivos. La Mujer Enterrada Viva de Algeciras. 1 de junio de 1900



La prensa de Algeciras da cuenta de un terrible suceso, que pone espanto en todos los corazones y que despierta indignación en todas las conciencias, porque en él se patentiza, el abandono inconcebible en que vivimos y el descuido que la generalidad de las gentes pone en el cumplimiento de su deber.

Hace pocos días “falleció” repentinamente en Algeciras Luisa Oliva, vecina de la calle de Jesús. La muerte fue producida por la impresión que produjo a la referida mujer la llegada de un hijo suyo a quién había mordido un perro rabioso en San Roque, donde el referido obrero trabajaba.

Padecía Luisa Oliva de una afección cardiaca, con tan mala suerte que el facultativo que examinó su cuerpo certificó, que el fallecimiento de dicha persona fue a consecuencia de dicha enfermedad.

Pasó la difunta en su casa el tiempo reglamentario, siendo trasladado después el cadáver  hasta el cementerio y sepultado en un nicho.

Cuarenta y ocho horas después de la inhumación, los carabineros y los empleados de la arrendataria que prestan servicio en los alrededores del campo santo manifestaron al sepulturero: que durante la noche habían estado sintiendo golpear en los muros del campo santo.

Dichos empleados y el sepulturero comenzaron a reconocer el cementerio hacia el sitio donde suponían haber escuchado los golpes, identificando la sepultura por unas manchas de sangre que goteaba desde el nicho donde fue enterrada Luisa Oliva.

Avisados los hijos de la difunta y personado el juez en el lugar del suceso; se abrió el nicho y se encontró a Luisa Oliva tendida boca abajo, con una mano crispada en los cabellos y la otra en la cara. Presentaba señales evidentes de haber muerto enterrada viva después de sostener una lucha terrible dentro del ataúd por salvar su vida.

En la información judicial abierta los médicos sostienen, que al certificar la defunción certificaron bien. Los tribunales se encargaran de hacer luz en el asunto. Hasta ahora y a pesar de las declaraciones facultativas, se dice que la infeliz Luisa fue enterrada viva en el momento de padecer un ataque de catalepsia.

Otro caso de mujer enterrada viva sucedió en la ciudad de Barcelona. El periódico “El Liberal” con fecha 13 de abril del año 1891, publicó lo siguiente sobre este apocalíptico suceso, donde lo funesto y fúnebre del caso, hace que nos sintamos terriblemente conmocionado por el dantesco y aterrador espectáculo.  

Caso en Barcelona

13 d abril de 1891. El Liberal publica el siguiente telegrama:

Barcelona (10, 30 noche).- El suplemento refiere el hecho siguiente:

El lunes último fue enterrada una mujer en un nicho provisional del cementerio del sudoeste, a la que se creyó muerta, siendo así que era víctima de los frecuentes vahídos que padecía por hallarse en estado interesante (embarazada).

Posteriormente se presentó su hija con otro individuo de la familia para trasladarla a un nicho de su propiedad, observando con asombro, que tenía los brazos en distinta posición que cuando fue enterrada y los puños completamente desgarrados, señales estas de haber sufrido horribles sufrimientos. También encontraron a los pies de la desdichada mujer y debajo de las sayas, otro ser humano que era sin duda el que llevaba en su seno cuando fue enterrada.

Creo que hoy en día no se dan muchos casos de catalepsia, justamente porque se conocen los sucesos que han sucedido años atrás y se saben los síntomas. Por esto, como una forma de prevenir el problema y antes de diagnosticar que una persona ha fallecido, como procedimiento más normal, se efectúa el velatorio de 24 horas.

Si alguna vez nos sucediera esta agónica realidad y estuviésemos despierto en un ataúd, nuestros gritos no serían escuchados y el oxigeno lentamente se nos iría terminando, siendo la horrenda y cegadora muerte la única testigo que sonreiría en su negra y oscura dimensión.





La Inquisición Frenó la Presencia de "Platillos Volantes"


 La Inquisición española no solo se caracterizó por castigar a moriscos, judaizantes, blasfemos, luteranos, brujas, sodomitas o una importante Iglesia hereje, sino que además condenaba con su particular estilo, a todas aquellas personas que decían ver determinadas luces o aparatos no identificados en los cielos españoles. Las únicas presencias permitidas por el Santo Oficio en el firmamento, eran todas aquellas visiones relacionadas con Cristo, la Virgen María, Santos, Ángeles celestiales y que la Iglesia pudiese controlar. Todas aquellas afirmaciones o visiones que se saliesen de lo estrictamente religioso, eran consideradas herejías o no interesaban, porque las observaciones explicativas de los testigos se les escapaban de sus dominios y poderes . 
Fueron muchas las personas, que por comentar lo observado en tan alta esfera, fueron requeridas por la Santa Inquisición. Un ejemplo de fenómeno presenciado por más de diecinueve personas, fue el que sucedió en Buendía (Cuenca) y al que la Inquisición dio carpetazo inmediatamente.


 
Se trata de un proceso inquisitorial del año 1555 donde se recogen las afirmaciones de diecinueve vecinos del pueblo de Buendia, y donde afirmaban, ser testigos de la aparición de una cruz luminosa en el cielo. Al ser considerado un suceso milagroso, la Inquisición interrogó a los testigos llegando a la conclusión de que decían la verdad, pero que no había nada de milagro, sino que se trataba de algún fenómeno meteorológico, dando carpetazo al asunto.


El suceso ocurrió en el mes de Marzo de 1555, en el lugar llamado "El Calvario", en las afueras del pueblo. Varias mujeres que se encontraban rezando delante de una cruz de madera (llamada Vera Cruz), se percataron de una luz brillante “delgadita como un filo” que apareció en el cielo.

Esta luz fue creciendo poco a poco en intensidad y tamaño, hasta ser tan grande como la cruz a la que estaban rezando, poniéndose a su lado. También la vieron varios pastores y leñadores que llegaban a Buendía. Todos comenzaron a dar gracias a Dios por aquel milagro. La cruz se vio durante una hora, hasta que poco a poco se fue desplazando hasta ocultarse tras una nube.[1]

Un curioso fenómeno que hoy día no dudaríamos en etiquetarlo dentro del fenómeno ovni.

Con fecha 18 de septiembre de 1768, se va a visionar en los cielos de la Alpujarra granadina un objeto volante no identificado, aquí os dejo el documento sacado del Archivo Histórico Nacional, Sección Nobleza. Signatura Osuna, C. 3269, D. 14.

“El día 18 de septiembre de 1768, siendo como las 6 y tres cuartos de la mañana, estando muy serenada y clara se apareció en el horizonte de la villa de Calahorra del Marquesado del Cenete, reino de Granada, un globo tan cristalino como el agua más pura, de figura de una gran botella, con el cuello retorcido y dilatado saliendo por encima de la Sierra Nevada por la parte meridional de esta villa y llevando su rumbo con bastante velocidad hacia el septentrional donde están las sierras de Baza, llevando delante lo grueso este fenómeno, y lo delgado detrás como centelleando dejando conforme caminaba dos líneas de espeso humo que se conservaron separadas, hasta que se deshizo el globo, convirtiéndose en fuego y chispas, a manera de las que arrojan los cohetes que llaman de luces o lágrimas sobre las sierras de Baza, al parecer de los que lo vieron con más reflexión pasando por encima de esta población y aún instante de desecho el globo, se sintió un estruendo espantoso a manera de un gran trueno, que corrió las propias líneas de humo reduciéndolas a una, desvaneciéndose esta a poco rato; siendo este ruido tan extraño a las gentes que las dejó llenas de pavor y pasmo, notando que al pasar por encima de ésta villa se retemblaron sus edificios. Tuvo igual duración el trueno que el fenómeno y en todo sería la de 6 minutos a corta diferencia, su elevación parece fue bastante por las noticias que hay de haberse observado en esta comarca en iguales circunstancias que aquí y de la Alpujarra que está a la parte del mediodía se sabe que le descubrieron venir de hacia el mar; el día se mantuvo sereno aunque con un viento corto de norte finísimo, sin haber llovido antes”.


Por motivos inquisitoriales, la Edad Moderna, es pobre en noticias sobre “objetos celestes no identificados”, ya que cualquier veleidad informativa de este tipo era severamente castigada. La sociedad se sumergió en un profundo silencio, y por ello, algunos avistamientos de “Ovnis” no fueron nunca conocidos. Solo en países no sujetos a los rigores de la Inquisición se producen informaciones de este tipo. En 1548, en Turingia, “un globo en llamas” deja caer una sustancia que parecía sangre coagulada. En Zurich se conservan unos grabados de Wleck que ilustran el paso de “discos voladores” sobre aquella ciudad entre los años 1547-1558. En aquel tiempo, Viena es sobrevolada por extraños artefactos luminosos, de la misma manera que en Varsovia y Nuremberg.

Sin embargo, es más adelante, ya en plena Edad Contemporánea, cuando se registra las más espectaculares observaciones de “Ovnis”
El 12 de agosto de 1863, fue visto sobre Madrid, un objeto raro que emitía fuertes luces multicolores. Se movió en varias direcciones, haciendo piruetas en el aire. Causó gran sensación. La noticia apareció en el periódico oficial “Gaceta de Madrid” el día 14 de agosto de dicho año.[2]

En próximos artículos daremos a conocer más casos de luces extrañas avistadas en el cielo, y donde el poder inquisitorial de la época, abortó por su siempre destacado desprecio y repulsa a todo aquello que no podía controlar.  



[1] La revista "Karma 7", especializada en temática de misterios, publicaba en su número 153 de Agosto de 1985 unos curiosos testimonios recogidos por el escritor conquense Heliodoro Cordente Martínez mientras se documentaba en un trabajo sobre la Inquisición.
[2] Mediterráneo: Prensa y Radio del Movimiento. Año XXXVII. NUMERO 11094 -11 de Julio del Año 1974.